Alfarería Nuñez «Un Legado Familiar»

Alfarería Nuñez                    «Un Legado Familiar»

Por: Fátima Cuevas

Sobre la carretera a Santa Rita, se encuentra el taller de alfarería Nuñez, espacio en el que se elaboran macetas y otras piezas de barro, artesanías que forman parte de la identidad Zacatecana. Su fundador, el señor Felipe Nuñez Castillo, nos platicó acerca del gran legado que su familia tiene dentro de este arte, acompáñenos a conocerlo.

            Don Felipe aprendió la alfarería desde muy pequeño junto con su hermano, quienes son originarios de Fresnillo Zacatecas, lugar donde aprendieron a realizar estas bellas artesanías de barro, en primera instancia por la necesidad que tenían en aquel tiempo, pero a don Felipe, siempre le gusto y cada pieza que elaboraba la hacía con el corazón.

El tiempo y las circunstancias lo hicieron radicar en Jerez, donde estableció su primer taller de alfarería ubicado en la Colonia Guadalupe, espacio en el que permaneció por 40 años, para después instalarse en el lugar que hoy en día realiza sus piezas de alfarería.

 Alfarería Nuñez es un negocio familiar, ya que don Felipe se ha encargado de enseñarles este oficio a sus hijos, forjando un aprendizaje que va de generación en generación.

La creación de las diferentes piezas de barro que se realizan en “Alfarería Nuñez” son únicas y especiales, el proceso conlleva de una serie de pasos para conseguir una artesanía exclusiva elaborada por manos artesanas.

El primer paso es mezclar dos tipos de tierra y ponerla a remojar por 2 días; Después de esto, se amasa el barro, procurando quede completamente limpio, sin piedras ni palos; enseguida se hace la torta aplastando el barro con una piedra grande, para después montarla en el casquillo y este sobre una base giratoria, a la vez que da vuelta, la mano ayuda dando palmadas en el plasta hasta que esta baje y cubra por completo el casquillo; una vez cubierto, se le pica al barro para asegurarse que todo este parejo; Ahora si llego el momento de montar el molde y voltearlo; con ayuda de unos trapos húmedos de tela especial y mientras está girando la base con el molde encima, se le dan los últimos toques.

La pieza se pone al sol y una vez que se seca, se retira del molde y se pule; se voltea y se bordea por fuera; Una vez listo esto, se mete al horno, al cual le caben alrededor de 600 piezas y están listas en 4 horas y media; para finalizar se pinta a mano cada una.

            Don Felipe se siente muy contento de haberle enseñado a sus hijos lo que él sabe hacer, el trabajo de alfarería.

 Sin duda la mejor forma de describir el trabajo de alfarería que realizan Don Felipe y su familia son el corazón que le ponen a cada pieza y las manos mágicas que nunca les fallan, pues incluso una de sus hijas María del Refugio ha participado en varios concursos con artesanías de barro obteniendo primeros lugares a nivel nacional.

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